La bóveda donde vive la historia del Canal de Panamá
Detrás de cada esclusa, edificio, taller o infraestructura del Canal de Panamá existe una historia que comenzó mucho antes de […]
Detrás de cada esclusa, edificio, taller o infraestructura del Canal de Panamá existe una historia que comenzó mucho antes de la primera piedra. Parte de esa memoria está plasmada en miles de planos que se conservan en una bóveda donde los dibujos del pasado siguen ayudando a resolver los desafíos del presente.

Allí trabaja Lorena Jethmal, quien suma 30 años de servicio en el Canal de Panamá y ha dedicado cerca de tres décadas a la preservación y consulta de esta colección documental. Su labor consiste en custodiar un patrimonio que permite conocer cómo se construyó, evolucionó y se mantiene una de las principales vías interoceánicas del mundo.
Lorena llegó e a la sección de microfilmación a finales de la década de 1990. Cuando surgió la oportunidad de asumir la responsabilidad de la bóveda de planos, decidió postularse al puesto. Desde entonces, ha estado vinculada a estos documentos que, además de registrar detalles técnicos, cuentan la historia de las instalaciones y de las personas que las hicieron posibles.

La primera vez que cruzó las puertas de la antigua bóveda, ubicada en el edificio de la Administración del Canal, la impresión fue inmediata. “Parecía un búnker”, recuerda.
La instalación tenía una puerta similar a la de un banco y permanecía herméticamente sellada. Al abrirla cada mañana, se escuchaba el sonido del aire entrando al recinto después de horas de aislamiento. Aquella imagen anticipaba la responsabilidad que asumiría: proteger documentos cuya pérdida podría significar la desaparición de información imposible de reconstruir.
Un archivo que conserva más de un siglo de historia
La colección física reúne alrededor de 100,000 planos de arquitectura e ingeniería. Hay documentos relacionados con las esclusas originales, edificios, viviendas, talleres, equipos, componentes, mapas topográficos y estudios de las condiciones del terreno.

Entre los más antiguos identificados en los archivos digitalizados se encuentra un plano fechado en mayo de 1862. El documento representa la situación general de las tierras reclamadas por varias personas en los márgenes del río Chagres, una muestra de que la colección permite explorar antecedentes del territorio previo a la construcción del Canal que hoy conocemos.
También se conservan planos de la Compañía del Canal Ístmico, vinculados a la construcción original y de los llamados Quarters: las viviendas construidas por Estados Unidos en el área canalera. Otros documentos registran estudios realizados entre 1930 y 1940 para evaluar un tercer juego de esclusas.
La colección incluye, además, planos del edificio de la Administración, tanto de su construcción original como de su modernización; de la antigua Balboa High School, que hoy alberga oficinas del Canal de Panamá, y de las esclusas originales y del Canal ampliado.

Para Lorena, el valor de estos documentos va mucho más allá de sus especificaciones técnicas. “Estás manejando la historia del Canal”, afirma.
Un plano es, en esencia, una guía para construir, remodelar o mantener una estructura, instalación o equipo. Contiene dibujos, medidas, notas y referencias que permiten comprender qué se debe hacer y cómo. Pero también funciona como una fotografía de un lugar en un momento determinado.
Con los años los edificios cambian, las estructuras se modifican y las condiciones originales desaparecen. Consultar un plano antiguo puede ser la única manera de conocer cómo era una instalación antes de esas transformaciones.
La huella de quienes dibujaron el Canal
Antes de los programas de diseño digital, elaborar un plano exigía paciencia, precisión y destreza manual. Los dibujantes preparaban sus bosquejos a lápiz y realizaban las versiones finales con plumillas y tinta china. Para trazar líneas, ángulos y medidas utilizaban herramientas como escuadras, escalímetros y tiralíneas.

Los soportes también han cambiado con el tiempo. Entre los materiales históricos de la colección figuran el papel de calco translúcido, el pergamino y la tela especialmente preparada para el dibujo técnico. También hay planos elaborados sobre albanene, conocido también como papel vellum. Más adelante, las películas de poliéster comenzaron a ganar espacio y se convirtieron en el soporte utilizado actualmente.
Con la incorporación del diseño asistido por computadora, conocido como CAD (computer-aided design) por sus siglas en inglés, el dibujo manual fue cediendo terreno a los sistemas digitales.
Entre los documentos más llamativos para Lorena están los planos de las esclusas que alcanzan hasta 12 pies de longitud. Fueron dibujados a mano con tinta china y se conservan en excelentes condiciones. Al observarlos, todavía se pregunta cuánto tiempo debieron invertir sus autores para completar cada detalle.
La colección también revela el sentido del humor de algunos dibujantes. En ciertos diseños aparecen pequeñas figuras escondidas, como una piraña en un estanque ornamental, una foca, un cocodrilo o un sapo entre los elementos arquitectónicos. Son detalles que difícilmente llamarían la atención en una revisión técnica, pero que permiten asomarse al lado humano de quienes trabajaron en los proyectos.

Los investigadores pueden encontrar en estos documentos información sobre los materiales utilizados en una construcción, los estilos arquitectónicos de otras épocas o las modificaciones realizadas a lo largo de los años. También pueden descubrir nombres de profesionales vinculados a las obras y rastrear la participación de personas que dejaron su huella en el desarrollo canalero.
Cuando el pasado resuelve problemas del presente
Aunque la bóveda conserva documentos históricos, su función no se limita a protegerlos para la posteridad. Los planos siguen siendo herramientas de trabajo para ingenieros, arquitectos y especialistas que necesitan consultar información sobre las estructuras del Canal.
Un ejemplo ocurrió durante la evaluación y reparación de un muroen las esclusas de Pedro Miguel. Para desarrollar el análisis técnico fue necesario consultar planos históricos de 1910, 1912 y 1913.
Los documentos permitieron identificar configuraciones estructurales, detalles de construcción y la ubicación de elementos que no podían observarse durante la inspección de campo. Esa información sirvió de referencia para comprender las condiciones existentes y apoyar el desarrollo de las soluciones de reparación.
En estructuras centenarias, donde ciertos detalles originales pueden estar ocultos, o ya no ser evidentes, los planos se convierten en una fuente de conocimiento indispensable.
También los consultan estudiantes universitarios, especialmente de arquitectura e investigadores interesados en la evolución de las instalaciones. Incluso propietarios de antiguas viviendas de las áreas revertidas recurren a la colección para conocer mejor sus inmuebles.

Una bóveda diseñada para preservar
El cuidado de documentos que superan los cien años exige condiciones especiales. La bóveda actual, ubicada en Corozal Oeste, cuenta con sistemas para controlar la humedad y proteger los planos de la luz y otros factores ambientales. Los documentos se almacenan en anaqueles especializados y el acceso está limitado mediante controles de seguridad y sistemas biométricos.
La digitalización es otra pieza fundamental de esta labor. A finales de la década de 1990 se impulsó un proyecto que permitió escanear gran parte de la colección. Gracias a ello, numerosas consultas pueden resolverse mediante archivos digitales, lo que reduce la manipulación de los originales.
Sin embargo, algunos planos son tan antiguos o frágiles que no pueden pasar por un escáner sin riesgo de deterioro. En esos casos, su conservación requiere especial cuidado.
Cada documento representa información que podría no existir en ningún otro lugar. Perderlo significaría, en determinados casos, perder también la posibilidad de conocer con exactitud cómo fue concebida o construida una estructura.

El principio y el fin del diseño
A lo largo de su trayectoria, Lorena ha visto cómo evolucionaron las herramientas de dibujo y las formas de consultar los archivos. También destaca el reconocimiento que ha ganado el equipo encargado de la bóveda dentro de la operación canalera.
Los planos no llegan únicamente al archivo cuando termina una obra. La documentación acompaña el proceso desde sus primeras etapas hasta su conclusión, y conserva el registro de referencia para futuras intervenciones.
“Nosotros somos el principio y el fin del proceso de diseño”, resume.
Entre los documentos que guarda con especial cariño están los planos del edificio de la Administración. Cuando comenzó a trabajar en la entonces División de Ingeniería, esta ocupaba el tercer piso del edificio. Por eso, volver a esos dibujos la transporta a los primeros años de su vida laboral en el Canal.
Próxima a su jubilación, Lorena espera dejar como legado una cultura de responsabilidad y respeto por estos documentos. Su trabajo requiere atención al detalle, vocación de servicio y la conciencia de que cada plano puede contener una respuesta para el presente y una pieza irremplazable del pasado.
La bóveda del Canal de Panamá es mucho más que un depósito de dibujos. Es un archivo vivo en el que conviven la ingeniería, la arquitectura y la memoria del país. Allí, entre líneas trazadas a mano y documentos digitalizados, la historia de las obras sigue disponible para quienes necesitan comprender cómo se construyó el Canal y cómo mantenerlo seguro y confiable para las próximas generaciones.