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Una tragedia sublimada: Aristides Ureña Ramos y la invasión a Panamá.

Instalado en la cancha de juegos en el Centro de Apoyo de Fátima, en el corazón de El Chorrillo, el […]

Instalado en la cancha de juegos en el Centro de Apoyo de Fátima, en el corazón de El Chorrillo, el artista Aristides Ureña Ramos, pincel en mano y calzado en sus cutarras de cuero, se afana. Ureña plasma en una gran tela, un emotivo homenaje a las víctimas de la invasión a Panamá de 1989. Los archivos documentales -las crónicas de los Hermanos Mercedarios– junto con fotografías y testimonios orales de testigos y sobrevivientes a la invasión, han sido la fuente para alimentar, 32 años después, el mural titulado “El Chorrillo, 20 de diciembre de 1989”.

Esta obra es una serie de tres murales que serán pintados por el artista y por encargo del Arzobispado de Panamá. El primer mural fue develado en la Iglesia de San Francisco de Asís en memoria de los fallecidos por la covid-19 y en el contexto del Bicentenario de la República. El segundo fue develado el 20 de diciembre en la Parroquia de Fátima, recordando la invasión al Chorrillo, y el tercero estará dedicado a Santa María La Antigua. La muerte es el tema tratado en dos de estos encargos, eje central de gran peso emocional, tanto para la comunidad como para el artista.

Título: El Chorrillo 20 de diciembre de 1989 / Año: 2021 / Dimensiones: 3 mts x 5.65 mts / Técnica: Acrílico en resina sobre tela.
Título: El Chorrillo 20 de diciembre de 1989 / Año: 2021 / Dimensiones: 3 mts x 5.65 mts / Técnica: Acrílico en resina sobre tela.

La guerra y el arte

Muchas sociedades y artistas han sublimado la tragedia de la guerra con el arte, en algunos casos motivados por grandes holocaustos.

Por ejemplo, el artista español Pablo Picasso pintó por encargo del gobierno de la Segunda República Española, una tela en gran formato que recuerda el bombardeo de Guernica durante la guerra civil española. El 26 de abril de 1937, la aviación alemana, con apoyo del gobierno de Italia, bombardeó la villa vasca de Guernica dejando 127 personas muertas. El famoso cuadro se expuso ese mismo año en la Exposición Internacional de 1937 en París (Francia).

En un contexto más cercano, el ecuatoriano Osvaldo Guayasamín, en su serie pictórica llamada “La Edad de la Ira” pinta en el año de 1976, “Cabeza de Napalm”, en los tiempos de las revoluciones en países de la región latinoamericana. Esa pintura representa el rostro horrorizado de una persona con los ojos en blanco, mientras se quema con napalm, un combustible gelatinoso que hace arder todo a su contacto y utilizado con fines bélicos.

Aristides Ureña
Aristides Ureña

El mural titulado por el maestro Ureña Ramos, “El Chorrillo, 20 de diciembre de 1989”, es probablemente la primera representación pictórica en gran formato, que alude a la tragedia ocurrida en el barrio del Chorrillo. La obra No hubo boceto previo para la obra, señala Ureña Ramos, mientras describe los detalles de la tela ante nosotros.

“Agradezco al Arzobispado no haber condicionado el desarrollo de la obra”, explica el artista. “El tema de la invasión es uno de los eventos que, por lo violento y sangriento, compromete una gran intimidad de los habitantes de El Chorrillo”.

La intimidad de la que habla el artista aparece en el lienzo con diversos elementos de la materialidad cotidiana y personal. En su proceso creativo, el artista escucha las voces simples y populares, como la de una cocinera del barrio quien dice que “todos los muertos se fueron directo al cielo, ellos no tenían culpa de los que les sucedió”. La vorágine que plasma recuerda la ascensión al cielo de las almas, que junto con la advocación mariana de Fátima; se elevan al cielo invocando la misericordia divina en una nube de flores y flota sobre la escena central.

“Quién se enfrenta al mural de mi obra, podrá identificar los elementos simbólicos que gravitan sobre ella; desde la representación del ejército agresor con todo el peso de violencia que transmite, la muerte, el contexto físicoambiental de una ciudad que dejó de existir, hasta el Canal mismo. Entiendo, además, que el Canal solamente ha suspendido el tránsito de barcos por la invasión y por la tormenta La Purísima (2010); todos esos elementos, están allí”, concluye Ureña Ramos.

El color

“La mayoría de mis obras están en la paleta de los turquesas; sin embargo, la que evoca la tragedia de la invasión fue hecha en un rojo especial, uno que evoca los frijoles rojos. El color de ellos sobre un plato blanco me hizo recordar el hambre y la saciedad que este humilde alimento representa entre las mesas de los panameños. En este plano tan íntimo y personal, ese rojo da color a mi obra y es el color de Panamá”, puntualiza el artista.

El arte y el espacio de memoria

El tema de la representación pictórica de un evento traumático para la sociedad panameña, como lo fue la invasión, es parte del reconocimiento y la reconstrucción de la memoria mediante el arte. El concepto de espacio de memoria es una construcción social que hace una reflexión entre los espacios urbanos y los eventos ocurridos en ellos.

Este concepto fue detonado por el Holocausto de la Segunda Guerra Mundial, y en América Latina por el paso de dictaduras militares en, en el siglo XX. En Panamá podríamos referirlo a la invasión del ejército norteamericano en diciembre de 1989, y podría extenderse a nuestra historia de tránsito y los muertos caídos durante la construcción y operación de los caminos empedrados, los muertos por la fiebre amarilla y, finalmente, todos aquellos que murieron en la construcción del Canal por Estados Unidos.

“El Chorrillo, 20 de diciembre de 1989”, obra del artista Aristides Ureña Ramos, se funde en una interesante amalgama, el arte, la memoria y el espacio, a la vez que ofrece una interpretación que se someterá a debate.

La obra pictórica que hoy presenta Ureña nos obliga a la reflexión sobre la conservación de la materialidad que quedó de la invasión y deja un legado que asistirá al recuerdo del espacio, los eventos y a la memoria colectiva.

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  1. Gracias por este escrito, nos deja con la necesidad de acercarnos a conocer las obras y a esperar que la trilogía se complete! Felicitaciones a Ureña Ramos por este hito que nos lleva, como panameños, a mirar de frente nuestra verdad y a los artistas, a permitirnos ser voz de todos en asuntos tan importantes.

  2. La tragedia merece reflejarse en arte y felicito a la Arquidiócesis por no meter la mano en la obra de Ureña. Contrasta con la forma en que destruyeron la historia del 9 de enero de 1964 quienes “arreglaron” la bandera ultrajada rehaciéndola y borrando todo vestigio de la ignominia.

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