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Los diálogos por la cuenca: reflexiones de un protagonista

A Stanley Heckadon-Moreno el destino lo colocó en momentos decisivos de la historia reciente de nuestro país y, curiosamente, también del Canal de Panamá.

A Stanley Heckadon-Moreno el destino lo colocó en momentos decisivos de la historia reciente de nuestro país y, curiosamente, también del Canal de Panamá.

Este autor, investigador y antropólogo chiricano, a través de sus múltiples responsabilidades y proyectos, lideró los primeros estudios detallados de la Cuenca Hidrográfica del Canal de Panamá. Formó parte de la comunidad científica que planteó la importancia de la protección de los bosques a orillas del Canal, en los “diálogos de Coronado”, donde se sentaron las bases de la creación del Título Constitucional que creó la Autoridad del Canal de Panamá.

A lo largo sus cuatro décadas de investigación, tuvo la oportunidad de estudiar de cerca la cuenca hidrográfica. Entre 1980 y 1981, estuvo encargado de la Dirección de Recursos Naturales Renovables (posteriormente INRENARE), donde estudió a los campesinos de los lagos Gatún y Alhajuela.

Entre los años 1985 y 1986, en el antiguo Ministerio de Planificación, coordinó el Grupo de Trabajo sobre la Cuenca del Canal. A principio de los años noventa, preparó los proyectos del Plan de Acción Forestal Tropical de cara a conseguir fondos para las áreas protegidas de esta región.

Adicionalmente, trabajó en la redacción del decreto ejecutivo que creó el Parque Nacional Chagres, que protege las cabeceras que alimentan los lagos Alajuela y Gatún.

Desde el año 2000, Heckadon-Moreno trabaja en el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales y está a cargo del Laboratorio Marino de Punta Galeta, en Colón, en donde, como explica entre anécdotas y risas, “nunca imaginó que iba a estar”.

Desde su perspectiva, ¿cuál considera que ha sido el impacto del Canal en nuestra sociedad?

No puede entenderse al país sin hacer referencia al Canal. Es como el caso de Bocas del Toro: es difícil entender a Bocas del Toro sin el impacto de las bananeras; o en el caso de Chiriquí sin el impacto de las bananeras y del café.

Fueron actividades que conformaron la sociedad, y el Canal está profundamente vinculado a la historia económica, laboral, y diplomática, y ha sido la forma que le ha permitido a este país conectarse de una manera única.

Es que es indisoluble el nombre de Panamá con el Canal y, claro, el interés que está afuera de cómo funciona, cómo se construyó y cómo se administra.

A usted le tocó un papel en el desarrollo de estudios en la Cuenca antes de la transición del Canal, y trabajó de cerca con sus comunidades, ¿cómo fue esa experiencia?

Como muchas cosas en la vida, son casualidades. Yo hice mi tesis de doctorado en Inglaterra (Universidad de Essex), sobre la colonización campesina de los bosques, y me tocó el caso de Tonosí. Yo trabajaba en lo que era el Ministerio de Planificación. Estábamos en un programa que se llamaba Desarrollo Rural Integrado, y me mandaron a Tonosí.

Me tocó ver la relación entre la deforestación, la erosión de los suelos, la sedimentación de los ríos, la quema de los potreros, el empobrecimiento de los suelos y cómo, lo que era una zona de colonización -llena de estas selvas espléndidas con una diversidad de naturaleza extraordinaria-, quedaba convertida en lo que parecía una zona de guerra.

Tonosí fue la última frontera de colonización de Azuero y yo veía que los campesinos se estaban yendo, la pobreza los estaba expulsando y yo les preguntaba a ellos de dónde venían:

  • “Yo soy de Macaracas… yo soy de Ocú…
  • ¿Y por qué se vino de allá para Tonosí?
  • “Porque allá no había monte”
  • Y ahora, de acá de Tonosí, ¿por qué se va?
  • “Porque aquí se acabaron los montes”.

Y esa frase “se acabaron los montes”, me llevó a escribir un libro que llamé “Cuando se acaban los montes”, que publiqué con la editorial Universitaria en 1983. Así quedé yo vinculado.

Y llegando a Panamá de regreso de Inglaterra, me tocó ser uno de los que en 1980 hicimos el primer perfil ambiental de Panamá con un equipo interdisciplinario, y que para mí fue muy importante.

¿Por dónde empezó su investigación dentro de la cuenca?

En una ocasión, conocí al director del entonces RENARE, que era una de las 40 direcciones que tenía el Ministerio de Agricultura (MIDA), y el ingeniero Irving Díaz me dice: “Stanley: yo quiero que tú vayas a RENARE y le des un pantallazo al personal porque estamos comenzando con la AID (actual USAID) un préstamo para la Cuenca del Canal de Panamá”.

Yo nunca había trabajado con el concepto de cuencas hidrográficas y, por primera vez, tuve que meterme en esto de la cuenca del río Chagres, el Boquerón, y el Pequení, en 1980.

Así que estuve con los muchachos de RENARE. Empecé primero por el lago Alhajuela, río Boquerón, río Pequení… aprendí muchísimo. Luego, el lago Gatún y las comunidades para entender la historia de la migración hacia la cuenca del Canal.

Hice un informe para RENARE bastante extenso, entrevisté a un montón de gente. Hice una historia desde la época del Panamá colombiano antes del Canal, porque entrevisté a viejitos que se acordaban de la época del banano en el río Chagres, y luego, cuando se construyó la represa de Gatún.

Y me decían los viejos campesinos que habitaron el río Chagres antes del Canal: “Yo vengo de la época antes de que el lago matara al río”, o, “Yo vine después de que el lago matara al río”.

Eran personas que recordaban los pueblos del Chagres, Gatún, Dos Hermanas, Horca Lagarto, y Frijoles, cuando eran pueblos del río. Así que aprendí mucho de la sociedad campesina, del río Chagres antes, durante y después del Canal y cómo se convirtió la ganadería en una política.

Después, salto de esa experiencia a trabajar con el concepto de Cuencas Hidrográficas. El Ministerio de Planificación fue como mi segunda universidad porque estábamos ahí ecologistas, ingenieros, estadistas… era un grupo muy creativo.

Después, le tocó nuevamente involucrarse en la Cuenca del Canal, pero en otro proyecto.

Entre 1985 y 1986, desde el otrora Ministerio de Planificación, coordiné el Grupo de Trabajo sobre la Cuenca del Canal.

Resulta que había una crisis de agua, una sequía. Fue de las primeras veces que escuché de la corriente de El Niño. Nos llaman de la Presidencia por motivo de la sequía, y que probablemente se extendería y que habría que bajar el calado de los barcos. Teníamos que ver qué estaba pasando.

Fue así como formamos el grupo de trabajo de la Cuenca del Canal y me tocó coordinarlo.

Dos años estuvimos ahí. Logramos traer de otros países gente que había manejado cuencas hidrográficas. Ahí se tomaron decisiones muy importantes.

En el cierre del grupo de trabajo, después de dos años, el presidente Eric Arturo Del Valle me dice: “Dr. Heckadon, antes de venir para el cierre de este evento, he firmado el decreto ejecutivo que ustedes me prepararon con el fin de crear el Parque Nacional Chagres”.

Para todos los que estábamos era como un alivio, era como si hubiésemos comprado el seguro de vida para el país.

Yo creo que para él fue un decreto más, pero para el país, no. Para el país fue proteger la cabecera de los ríos Chagres, Boquerón y Pequení, que es de donde viene el grueso del agua para el Canal y para las potabilizadoras.

¿Tomamos las decisiones correctas?

El motivo de orgullo, en lo personal, es que me ha tocado viajar antes y después [de la reversión] y ver la manera cómo Panamá tomó las decisiones y formar la Autoridad del Canal de Panamá, que tiene esa autonomía.

Esta fue una decisión tomada en los “diálogos de Coronado”, en donde, por cosas del destino, me tocó participar como parte de la comunidad científica y pelear ahí por los bosques. Eso fue un evento de extrema importancia para formar un consenso.

Pero hubo discusiones violentísimas ahí. A mí me tocó defender el tema de los bosques, que todos los bosques a la orilla del Canal debían ser protegidos, incluyendo el de las bases de Albrook y Clayton.

Lo menos problemático fue conseguir consenso en torno a los bosques del Canal y las bases, porque hubo otros temas que… Dios me guarde. A mí me tocó lo fácil, que era convencer a la gente de proteger los bosques.

¿Ese trabajo cimentó la labor que se desarrolla ahora con las comunidades de la cuenca?

Claro que sí. Yo creo que “los diálogos de Coronado” ayudaron mucho a despejar, y a que tomáramos las decisiones, y hoy, realmente, me da un orgullo.

No fue un camino fácil. Era como estar metido en la montaña donde hay varios atajos y fuimos buscando diferentes voces y opiniones, y enrumbándonos hasta que logramos salir.

También, cuando llegó el momento de la ampliación y me senté en Agua Clara a ver pasar ese barco por el Tercer Juego de Esclusas, fue como que: “¡Mira dónde estamos!”. Yo me sentí muy orgulloso porque en todos los estudios anteriores habíamos dejado saber que hay que pensar cuánta agua y qué calidad de agua vamos a tener.

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