Entre cabos y esclusas: la labor de los pasacables en el Canal de Panamá
Por: Maripcia Acosta
Entre 35 y 36 buques transitan diariamente por el Canal de Panamá. Detrás de cada uno de esos tránsitos hay equipos de pasacables que aseguran los cabos que mantienen bajo control a embarcaciones de miles de toneladas durante su paso por las esclusas.
El sol apenas comienza a asomarse sobre las esclusas cuando un buque se aproxima lentamente al muro y el equipo se prepara para la maniobra. En pocos minutos deberán asegurar las líneas y cabos que permitirán mantener la embarcación bajo control durante su tránsito.
Se trata de uno de los trabajos menos visibles, pero más esenciales de la operación canalera. Los pasacables de cubierta —hombres y mujeres que realizan su labor a bordo del buque— reciben y aseguran los cabos y cables durante las maniobras en las esclusas, una tarea que exige coordinación, concentración y precisión.
“Nuestro trabajo es silencioso, pero esencial. Un cabo mal asegurado puede comprometer toda la operación”, explica Eileen Álveo, pasacable de cubierta.
“Aquí cada maniobra exige concentración total. Sabemos que de nuestro trabajo depende que el tránsito se realice de forma segura, y eso nos llena de orgullo”, añade.
Actualmente, alrededor de 1,337 colaboradores desempeñan esta función, lo que representa cerca del 13.6 % de la fuerza laboral del Canal de Panamá.

Las condiciones no siempre son favorables. El calor intenso, la lluvia repentina y el constante movimiento del buque convierten cada jornada en un desafío físico y mental. Aun así, la operación se mantiene de manera continua las 24 horas del día, los 365 días del año.
Preparación y liderazgo en cada maniobra
Para Luis Valdespino, líder de pasacables, cada tránsito comienza mucho antes de que el buque llegue a la esclusa.
“La operación inicia con el Análisis de Trabajo Seguro (ATS). Verificamos que el área esté libre de riesgos y que todo el equipo esté en condiciones adecuadas”, explica.
La planificación y la evaluación de riesgos son fundamentales para garantizar una operación segura.
En las esclusas centenarias de Miraflores, Gatún y Pedro Miguel, cada equipo está compuesto por 19 pasacables, de los cuales 17 trabajan en cubierta y 2 cumplen funciones de liderazgo.
En las esclusas Neopanamax de Agua Clara y Cocolí, los equipos están integrados por 14 pasacables, con 12 en cubierta y 2 líderes.
“El reto es que la nave transite sin riesgos, que el cliente y el práctico queden satisfechos y que la coordinación entre todo el personal sea efectiva. Cada buque que pasa de forma segura es un logro para el equipo”, afirma.
Antes de cada maniobra, el equipo verifica el uso adecuado del equipo de protección personal y las condiciones de trabajo en cubierta.

Pero hay otro elemento que también marca la diferencia: la confianza dentro del equipo.
“Cuando el pasacable puede opinar y cuestionar condiciones, se fortalece la seguridad. Esa confianza es la base de una maniobra bien ejecutada”, añade.
La coordinación que sostiene la operación
Desde la supervisión en campo, Mónica Castillo, capataz de lancha y pasacables, destaca el compromiso y la preparación que exige cada tránsito.
“Cada maniobra refleja la preparación y el compromiso del equipo. Detrás de cada tránsito hay verificación constante, comunicación clara y un alto sentido de responsabilidad”, señala.
Su labor consiste en respaldar al personal durante la operación, asegurándose de que se cumplan los procedimientos de seguridad y de que la coordinación entre los equipos sea efectiva.
“Nuestro trabajo es apoyar a los pasacables, asegurarnos de que tengan lo necesario y de que cada movimiento se ejecute con orden y precisión”.

En cada tránsito intervienen múltiples actores, entre ellos locomotoras, remolcadores y el Centro de Información y Control de Operaciones (CICO), cuya coordinación permite mantener el control de la embarcación mientras avanza por la esclusa.
Más que fuerza, vocación
Convertirse en pasacable requiere disciplina, formación y compromiso.
Entre los requisitos se encuentran ser panameño, contar con educación secundaria, saber nadar, tener formación marítima básica y superar pruebas físicas y prácticas que simulan maniobras reales.
Cada tránsito exige precisión, concentración y trabajo en equipo.
Porque en el Canal de Panamá, un cabo bien asegurado puede marcar la diferencia entre una maniobra segura y un riesgo operativo.
Lejos de los reflectores, pero en el centro de la operación, los pasacables contribuyen día a día a que una de las rutas marítimas más importantes del mundo funcione de manera segura y eficiente.
