Agua 10 minutos de lectura

AGUA cantidad y calidad de vida  

Cuando ocurre un desastre en el mundo, nuestras pantallas se llenan de escenas catastróficas. Todo apunta a la sorpresa del […]

Cuando ocurre un desastre en el mundo, nuestras pantallas se llenan de escenas catastróficas. Todo apunta a la sorpresa del impacto. Sin embargo, hay crisis humanitarias que se desarrollan lentamente y sus afectaciones son aún mayores. Multitudes viven en riesgo por el agua. Todos los países lidian con diferentes niveles y tipos de problemas relacionados con ella. Desde su exceso hasta su escasez, su pasado y su futuro.

Por mucho tiempo la abundancia de lluvia en Panamá daba una sensación de protección y las noticias se limitaban a casos esporádicos de sequías o inundaciones. Pero las señales siempre estuvieron allí. Este año tuvimos el mes de octubre más seco en 73 años de registro, el país se enfrenta a una afectación importante en su desarrollo logístico y se prepara para el impacto en los hogares. Las consecuencias por la falta de agua ya no serán  noticias de algo que le pasa a alguien más. Esta crisis la vivimos todos.

Agua pasada

La construcción del Canal de Panamá nos legó una rica herencia científica que acompaña la operación de tránsito. El objetivo de esta ciencia es único: vigilar las condiciones que favorecen la producción de agua en la Cuenca Hidrográfica del Canal de Panamá (CHCP). Este seguimiento es esencial para la sostenibilidad porque nuestro Canal de agua dulce es un sistema de lagos artificiales que no solo provee agua para mover barcos, sino que abastece de agua a la mitad del país.

A partir de la transferencia del Canal a Panamá, un especial cuidado se puso en proteger el bosque que rodea a la vía interoceánica con programas socioambientales. Sin esta gran esponja natural, el sistema de reservorios no podría sostener en el tiempo la cantidad y calidad de agua.

Estos registros nos indican dos cosas: la demanda de este recurso se ha multiplicado y que el cambio climático ejerce la presión de lo inesperado en nuestro país.

Presión creciente

Llamado así por una corriente anormalmente cálida cerca de la Navidad por pescadores de Perú y Ecuador, el  fenómeno de El Niño es un evento de variabilidad climática en el océano Pacífico tropical que se produce por la interacción de las condiciones del océano y la atmósfera. Se le conoce también como ENOS (El Niño Oscilación del Sur).

En el mundo entero el ENOS más intenso fue en 1997-1998. En ese periodo se dieron sequías, inundaciones, ciclones y desastres socioeconómicos en todo el mundo.

Río Chagres, 1997. Foto: Panamá Vieja Escuela.

En Panamá el ENOS, en promedio, produce disminución de las lluvias en la vertiente del Pacífico y aumento en la vertiente del Caribe. En 1997, debido al bajo nivel de los embalses de Fortuna y Bayano, fue necesario proceder a cortes programados del servicio de electricidad, de dos horas diarias, durante el 21 de abril al 1 de mayo de 1998. También, hubo déficit en la producción agrícola que dejó un saldo de 71,916 familias afectadas en todo el país.

En la Cuenca del Canal se reportaron los aportes más bajos en 84 años de operación desde agosto de 1997 a abril de 1998.

El informe anual del Canal del año fiscal 1998, que reportó 12,924 tránsitos, señaló que “la sequía relacionada con El Niño que afectó a Panamá exigió una planificación cuidadosa y creativa para minimizar el impacto en los buques en tránsito”.

Otros ENOS en años posteriores (2015 y 2019) no han sido tan intensos y produjeron medidas momentáneas en la administración de agua y energía en Panamá. Pero una variable aumenta la presión: la creciente demanda de agua.

En 1997, la población de Panamá era de 2.8 millones de personas de las cuales 1.5 millones habitaban alrededor de los reservorios del Canal.  En 2023, esta población que depende directamente del agua que producen estos reservorios había crecido a 2.3 millones de personas. A este número de personas se suma un aumento de la actividad económica e industrial que también necesita agua para funcionar. Nueve potabilizadoras toman agua de la cuenca canalera, incluyendo la más grande de Centroamérica (Federico Guardia Conte).

Los reservorios siguen siendo los mismos: Gatún (1913) y Alhajuela (1935).

Temporada de crisis

El último trimestre de la temporada lluviosa 2022 estuvo 25 % por debajo del promedio histórico, lo cual  hizo que el 2023 iniciara con debilidad. La tendencia a la baja en el aporte de lluvias es un factor silencioso que no permite que la CHCP se recupere para enfrentar el estrés hídrico de la temporada seca.

Aunque el ENOS de 1997 sigue siendo el peor de la historia, la diferencia en 2023 fue que este evento nos atacó y afectó muy temprano en el inicio del año.

En esta ocasión, cuando la temporada seca no acabó en marzo, sino que se extendió hasta junio, las alarmas tenían rato sonando ya, pero se hicieron evidentes más allá de la CHCP.

Ante la prolongación de los efectos de la temporada seca, el Canal de Panamá comunicó a sus clientes en el mes de julio que sostendría un calado de 44 pies o 13.41 metros y un máximo de 32 tránsitos diarios. Los noticieros del mundo volcaron su atención en Panamá y un huracán de titulares acaparó la atención internacional.  A pesar de las restricciones de calado, la falta de lluvia hizo que la cantidad de agua usada fuese mayor de la recibida por las lluvias, es decir, una pérdida neta. Adicionalmente, la temperatura elevada provoca una gran pérdida en los espejos de agua de los lagos por la evaporación. Se evapora más agua que la que consumen las provincias de Panamá, Panamá Oeste y Colón juntas.

Las lluvias tardías no han sido suficientes para llenar los embalses, y el Canal se ha visto obligado a añadir más medidas de control a los tránsitos.

Fenómeno mundial

Los aprietos de Panamá no son únicos. El planeta batió el récord el mes de junio como el más caluroso desde al menos 1940. Al mismo tiempo que el océano Pacífico experimenta un ENOS moderado, el Atlántico ha tenido temperaturas altas, récord que impacta negativamente las condiciones socioclimáticas en muchos países.

En México, las temperaturas aumentan de manera proporcional al descenso de las precipitaciones. Según el Monitor de Sequía de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), en los primeros 15 días de junio, la extensión del territorio mexicano afectado por algún nivel de sequía se incrementó de 61.6 % a 65 %. En Suramérica, el panorama es también desolador. La intensa sequía y la escasez  de lluvias afectan actualmente a siete de  los nueve departamentos de Bolivia. Las autoridades informan que más de 200,000 familias ya se ven afectadas por esta situación en el país.

La mayor y más biodiversa selva tropical del mundo, el Amazonas, está experimentando una aceleración en su destrucción debido  a condiciones más secas. Partes de esta

selva tropical están experimentando una transformación de ecosistemas húmedos, que históricamente almacenaban considerables cantidades de gases de efecto invernadero, hacia entornos más secos que liberan estos gases.

El 30 % de la población de la Unión Europea se ha visto afectada por la escasez de agua en los últimos años.

La situación afecta significativamente a España, siendo uno de los países europeos más impactados. Después de tres años de escasas lluvias y temperaturas elevadas, el servicio meteorológico nacional declaró a principios de año una “sequía de larga duración”.

Creatividad y determinación

En Panamá, el uso del agua es el pilar de su economía. En todo su territorio, el país alberga 500 ríos, con una precipitación media anual de 2,924 milímetros, la segunda más alta en el hemisferio occidental. Desde el tránsito  de buques hasta la producción de energía hidroeléctrica, las actividades productivas ligadas al agua sostienen las perspectivas de crecimiento económico.

Hemos entendido que esa fortaleza también es nuestra principal debilidad. El país ha crecido con la confianza de ser, “ambientalmente rico” y culturalmente la abundancia es casi sinónimo de despilfarro. Las afectaciones de este ENOS  en el Canal de Panamá han sido ampliamente reportadas, pero los efectos en los demás sectores del país también experimentan un efecto de mínima recuperación acumulativa que deja entrever efectos sociales negativos.

Es por eso que los desastres nos sorprenden. No es la variabilidad climática lo que ocasiona tragedias y pérdidas, es la poca resiliencia del sistema en conjunto.

El Consejo de Gabinete del Gobierno Nacional declaró el 30 de mayo un Estado de Emergencia Ambiental en todo el territorio nacional lo que permitirá un acceso a fondos para aliviar a los sectores productivos afectados.

Las medidas operativas para el ahorro de agua en el Canal de Panamá son el pan de cada día en las esclusas: esclusajes cruzados, tránsitos en tándem (dos o más buques al mismo tiempo) y trasvases.

Estas disposiciones, aunque efectivas, son remedios para enfrentar el embate del presente. A largo plazo los ajustes requieren una mayor profundidad.

Desde el 2020, el Canal lleva a cabo el Programa Hídrico, una iniciativa que contempla la identificación y ejecución de una serie de proyectos que en su conjunto garantizarán la disponibilidad del agua para abastecer a  la población y para las operaciones de la vía interoceánica por los próximos 50 años.

Conversaciones con el IDAAN contemplan la posibilidad de establecer potabilizadoras que se surtan de agua cruda del embalse Bayano que ayudarían a paliar el aumento en el consumo urbano.

Una mayor seguridad para el país provendrá de un cambio cultural que inserte en la conciencia nacional el cuidado del ambiente y el uso prudente del agua.

Pero, ¿cómo cambiar la narrativa de abundancia sin límites con las que nos hemos anestesiado por tanto tiempo?

Con conocimiento y la difusión de una rica tradición de ciencia en Panamá. A través de los canales de comunicación del Canal, se difunden valiosos contenidos sobre el cuidado de la Cuenca Hidrográfica y su manejo. Lo más reciente es “El agua en un minuto” que consiste en una serie de cápsulas sobre la importancia del agua y la responsabilidad colectiva, y que se comparte desde noviembre para contribuir a la sensibilización sobre este tema tan urgente.

El agua de Panamá es el motor de una población que desde su nacimiento se caracteriza por su optimismo y esperanza. Aun cuando en 1997 el panorama era catastrófico, la “creatividad y la planificación cuidadosa” llevaron al país a mejores días. En 2024 no será diferente.

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