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Nikki ama las montañas

Nicole Elizabeth Barrios Adames encontró en los senderos de Panamá el amor más grande, a sí misma. Ahora, la niña […]

Nicole Elizabeth Barrios Adames encontró en los senderos de Panamá el amor más grande, a sí misma. Ahora, la niña que creció en San Miguelito, escala las siete cimas más altas del mundo con este motor.

¿Cuáles son tus primeros recuerdos del Canal?

Primero, el día de la transferencia. En el 2006 participé de los diputados juveniles en mi escuela. Nos llevaron a una visita a las esclusas y eso me marcó.

¿Cómo empezaste a hacer senderismo?

A los 21 años estaba pasando por un momento difícil. Vi un anuncio de un grupo que invitaba a visitar una cascada y me animé. Esa vez caminamos desde Chicá hasta Sajalices.

Nunca más dejé de hacerlo.

¿Cómo se hizo internacional tu camino?

Después de subir el volcán Barú, quise conocer la montaña más alta de Costa Rica, el Chirripó.

Luego subí la más alta de Centroamérica, el volcán Tajumulco (Guatemala). Seguí con los Andes colombianos. Ahorré, me preparé aprendiendo de los referentes y seguí escalando. Hoy, me dedico al reto de las siete cimas (7 Summit Challenge) y llevo dos: El monte Elbruz (Rusia) y el monte Kilimanjaro( Tanzania).

¿Cómo se siente ser panameña en el mundo del montañismo?

Subiendo el monte Elbruz, por ejemplo, entre los expedicionarios había poquísimos latinoamericanos. Lo único que saben de Panamá es el Canal. Me encanta hablarles de Panamá y contarles que en este país tan chiquito tenemos un volcán de 3,000 metros.

¿Cuál es tu montaña favorita?

El volcán Barú. Me enseñó todo lo fuerte que puedo ser. Por él estoy subiendo las siete cimas.  Ver ese amanecer encima de las nubes después de diez horas caminando me hizo soñar más y más.

¿Y tu sendero favorito?

El Camino Real dentro del Parque Nacional Chagres. He caminado en muchos países y nunca vi un lugar tan mágico, con su agua color esmeralda. También amo los caminos del oeste de la Cuenca de Canal.

¿Qué te gusta de ellos?

Me encanta la gente de Capira, de El Cacao, de Arenilla. He subido el cerro Trinidad varias veces. He visto cómo las comunidades han aprendido a valorar esas cascadas y parajes hermosos, cuidarlos y obtener de ellos un ingreso para sus familias.

Un momento en tu vida que te haya cambiado

Cuando leí “La muerte sin pensar en ella“, de Rogelio Guerra, que habla del pueblo perdido de Frijoles. Ese libro unió para mí los senderos con la historia.

¿Cómo nació el hiking feminista?

Cuando sendereaba, me daba cuenta de que las esposas de los guías eran las que cocinaban y daban servicios a los caminantes. Pero ellas también conocían el sendero. Estaba viviendo en Perú cuando empecé con un grupo de mujeres para caminar juntas y hablar acerca de lo que pasa en el camino: higiene menstrual, casos de acoso, economía familiar, entre otros. En Panamá hemos hecho ya varias rutas, la última, un hiking sobre feminismo negro.

¿Qué es lo más lindo del horizonte panameño?

Sus colores. Cómo el verde se mezcla con el azul.

Festividad panameña favorita

La Feria de las Flores y Café de Boquete. La excusa perfecta para ir al volcán Barú.

Canción favorita

Verde agua, de Pureza Natural.

¿Qué nos puedes decir de tu escalada más reciente, el Kilimanjaro?

Es la más alta de África, con 5,800 m. Es una montaña respetada en Tanzania, está sola, sin cordillera. Allí, todo es musical, y eso hace la dura subida de seis días más agradable.

Mi guía me decía “pole, pole“, que en suajili significa suave, suave. Mientras subía, pensaba en toda la gente que estaba pendiente de mí, animándome y descubrí en mi mente algo superior al dolor. Me impactó mucho saber que en 15 años no habrá nieve en su cima, por el cambio climático.

¿Cuál cima es la siguiente?

El Aconcagua, a fin de año.

¿Y el Everest, cuándo?

Solo un panameño ha escalado el Everest: Mike Morales. Hace poco subieron la primera salvadoreña y guatemalteca. Tomó tanto tiempo para que las mujeres latinoamericanas estuvieran presentes allí. Las mujeres panameñas también podemos soñar con algo así. Hay que ahorrar bastante (se ríe).

¿Qué te ha dado el montañismo?

La montaña me enseñó a quererme a mí misma. Es un camino de autoconocimiento, de pasar tiempo con los propios pensamientos. Aprendes a no ser tan dura contigo misma.

Imágenes

 

 

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