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El Reino Fungi: Los Grandes Recicladores de la Naturaleza

Por su capacidad de adaptarse al cambio climático y aminorar sus impactos, los hongos son esenciales para la vida en el planeta y contribuyen a la vitalidad de nuestros bosques tropicales.

En el nivel del suelo de los bosques que rodean a la franja canalera se acumula una capa de materia orgánica que da origen a un dinámico microambiente lleno de actividad, donde siempre ocurre algo novedoso. Es aquí en este mundo húmedo, oscuro y poco explorado, donde crecen los misteriosos “paragüitas de sapo”, recicladores de la naturaleza.  

Conocidos por la niñez como como “paragüitas de sapo”, en realidad son solo una parte: son el órgano reproductor del hongo y contienen miles de esporas microscópicas que dan origen a nuevos individuos.  

La mayor parte del cuerpo del hongo no es visible porque se encuentra escondido en el suelo, formando una red intrincada de largos filamentos conocida como micelio. Estas estructuras subterráneas forman una gigantesca red que crece a través del bosque conocida por los científicos como la “internet del bosque”. Actúa como una compleja red de intercambio de suministros vitales que se interconecta con toda la vegetación y transfiere nutrientes de una planta a otra. Sustentan la vida y contribuyen al desarrollo del bosque ayudando a que el ecosistema prospere, un árbol puede obtener alimento de otro árbol utilizando el micelio como un conector. 

 A pesar de su invisible presencia y que a simple vista no se reconozca su utilidad, su existencia y sus interacciones con otras especies tienen gran influencia en el desarrollo del bosque. 

Gran diversidad

Algunos expertos estiman que existen de 2 a 4 millones de especies de hongos en todo el planeta. En las áreas tropicales se estima que por cada especie de planta vascular existen 8 especies de hongos. Viven en todas partes del bosque sobre diferentes sustratos y tienen diversas formas, tamaños, colores y características. Algunos de ellos poseen propiedades medicinales y son elementos clave en la producción de antibióticos (penicilina), y también los hongos psicoactivos que están siendo investigados para su uso en tratamientos de trastornos mentales. Muchos hongos son comestibles y se aprovechan en la gastronomía por su valor nutritivo, mientras que otros son peligrosos por ser venenosos. Algunos se utilizan ampliamente en la industria alimenticia (pan, queso, cerveza). Algunos son parásitos. 

Los hongos son seres vivientes de una naturaleza muy diferente a la fauna y flora, no pertenecen a los reinos animal ni vegetal. Hace muchos años se pensó que eran algún tipo de planta, pero no son vegetales, no tienen hojas o raíces ni realizan fotosíntesis. Los hongos tienen su propio reino aparte, el megadiverso reino fungi el cual incluye las setas, levaduras y mohos. Son unos de los componentes más relevantes de la biota del suelo. Forman parte fundamental de unos de los procesos microbiológicos esenciales en los bosques, el proceso de transformación de la biomasa inerte de origen vegetal y animal en componentes como carbono, nitrógeno y nutrientes que van a los suelos, para ser absorbidos por las plantas. Por esta razón influyen en la biodisponibilidad de nutrientes en un determinado ecosistema. Sin los hongos, la materia orgánica demoraría siglos para degradarse. 

Los hongos se alimentan segregando unas enzimas digestivas y luego reabsorbiendo los nutrientes. En función de su papel ecológico y su forma de alimentarse, se clasifican de diferentes formas. Algunas especies son saprófitas y se alimentan de materia orgánica muerta. Otras viven en simbiosis y al asociarse con ciertas algas forman los líquenes, el alga provee carbohidratos y protección al hongo a cambio de agua y sales minerales.  

Los líquenes son excelentes bioindicadores de la salud ambiental de los diferentes ecosistemas y su presencia está asociada a bosques inalterados de aguas cristalinas y aire puro. Además, promueven la formación del suelo y la creación de microhábitats para otros organismos.  

Por otra parte, un grupo de hongos se asocian con los árboles a través de sus raíces en una relación de ayuda mutua, siendo de especial valor en las especies de importancia agrícola y forestal.  

En esta unión simbiótica, que se conoce como micorriza, el hongo provee nutrientes, como fósforo y nitrógeno al árbol, y éste le proporciona carbohidratos y agua. Finalmente, otros hongos habitan en el interior del tejido de las plantas sin causar daño a la planta y establecen una relación simbiótica compleja donde ambos se benefician. 

Una red de expertos y aficionados

Oliver Rodríguez, fundador de la Fundación Micológica de Panamá, explica a El Faro que la fundación busca “crear una comunidad de micólogos y aficionados por el mundo fungi y colaboraciones que nos ayuden a crecer como sociedad eliminando la barrera entre la ciudadanía y la comunidad científica”. Esta agrupación ha llevado a cabo giras y encuentros donde se exponen y analizan temas de biología molecular, gastronomía, educación ambiental, entre otros.  

Rodríguez destaca la participación de la fundación en el Festival Allí donde bailan los monos, organizado por Comité Ambiental del río Baila Mono de la comunidad de Santa Clara de Arraiján. 

Fotos cortesía de la Fundación Micológica de Panamá. 

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