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Cuenca de miel: el dulce secreto del agua del Canal

Albert Einstein dijo: “cuatro años duraríamos sin las abejas”. Aunque esta frase no está 100 % comprobada, de algo sí […]

Albert Einstein dijo: “cuatro años duraríamos sin las abejas”. Aunque esta frase no está 100 % comprobada, de algo sí podemos estar seguros: sin las abejas, nuestro ecosistema no sería igual. Entre más observamos el trabajo que realizan, más maravilloso se revela.

A pesar de que solo viven unas cinco o seis semanas, nadie trabaja tanto como ellas. Son incansables en su misión de crear miel dentro de su colmena. Mientras unas toman siestas cortas, las otras trabajan; siempre se turnan para nunca detener la labor.

Cambio de alimento (jarabe de azúcar) para las abejas

Una sociedad organizada

Dentro de una colmena existen tres tipos de abejas, cada una con funciones diferentes.

La abeja reina tiene como característica principal ser la única hembra fértil de la colmena. Puede llegar a poner hasta 2,000 huevos al día; vive de tres a cinco años, y se encarga de mantener el orden entre las abejas. Ella no recolecta néctar ni produce miel.

Las abejas obreras realizan prácticamente todos los trabajos dentro de la colmena y viven de cinco a seis semanas. Según su edad, desempeñan distintas tareas (politeísmo). Las abejas obreras son limpiadoras, nodrizas, constructoras, almacenadoras, guardianas y forrajeras. Además, producen miel, limpian y defienden la colmena, alimentan a la reina y a las larvas, entre otras funciones.

Los zánganos son aquellos cuya función principal es fecundar a una nueva reina; no tienen aguijón, no recolectan néctar ni polen y no realizan ningún trabajo dentro de la colmena. Su vida dura unas ocho semanas y, en caso de que no haya necesidad de reproducción, muchas veces son expulsados de la colmena. Además, después del proceso de apareamiento mueren.

Cultivar miel y vida en la cuenca canalera

Como vemos, el mundo de las abejas está bien estructurado, con roles definidos. Ahora, la pregunta es: ¿cómo hace el ser humano para obtener este valioso néctar producido por las abejas?

Para responder esta interrogante, una visita a un proyecto de apicultura que el Canal de Panamá apoya dentro de la cuenca hidrográfica, específicamente en el Parque Nacional Chagres, brindó la oportunidad de experimentar paso a paso los procesos que se realizan dentro de un apiario.

Mediante este proyecto, el Canal de Panamá busca contribuir al aumento de la producción de miel en la cuenca. Para ello, los productores recibieron cuatro nuevos núcleos permitiéndoles tener un total de 50,000 abejas, que se espera entre el mes de febrero y marzo con el apoyo del Canal de Panamá esta cifra se duplique a unas 100,000 abejas.

En cuanto a las condiciones que vuelven ideal este apiario para las abejas, se puede destacar la diversa vegetación que lo rodea, la cual proporciona abundantes fuentes de néctar y polen durante distintas épocas del año.

Además, cuenta con fuentes de agua limpia cercanas, indispensables para la regulación de la temperatura dentro de la colmena.

La presencia de una variedad de árboles y plantas ofrece sombra natural, ayudando a mantener un ambiente fresco y estable, mientras que las cortinas rompen vientos protegen a las colmenas de corrientes fuertes que podrían afectar su desarrollo.

A esto se suma la facilidad de acceso al área, junto con un adecuado manejo y mantenimiento del terreno, lo que garantiza un entorno limpio, ordenado y seguro tanto para las abejas como para las labores del apiario.

Condiciones ideales para un apiario exitoso

Existen diferentes formas de conseguir abejas para poblar colmenas y empezar a producir miel. En este caso se obtuvo mediante la compra de un núcleo o “nuc”, que es una mini colmena ya formada que incluye una reina joven y productiva, tres a cuatro cuadros de abejas obreras, uno a cuatro cuadros con crías y paneles con alimentos (miel y polen).

Luego, se procede a colocar el núcleo en el apiario (lugar donde se ubican las colmenas), preferiblemente donde no dé el sol directamente ni haya sombra total durante el día. Debe estar cerca de fuentes de alimento, como flores, árboles y vegetación, y contar con acceso al agua, que es muy importante. Además, no debe ser un sitio inundable o con mal relieve del suelo, pues la colmena se coloca sobre una base resistente, ya sea de madera o bloques.

Por último, pero no menos importante, el apiario debe estar alejado de vibraciones, ruido y tráfico humano. Una vez cumplidas estas condiciones, se debe dejar la colmena tranquila durante unos siete a diez días para que las abejas empiecen a trabajar.

Las abejas pueden inspirar algo de temor, sin embargo, el traje de protección que utilizan los apicultores para realizar su faena brinda seguridad, ya que cubre completamente de pies a cabeza e impide la entrada de las abejas al cuerpo.

Si no se altera su entorno natural con ruidos excesivos u otras acciones provocadas por el ser humano, las abejas no representan un peligro para la vida humana o animal.

El humo, ya sea en forma libre o agitado dentro de un ahumador, resulta ser un tranquilizante natural para las abejas. Al percibirlo, empiezan a comer miel rápidamente para escapar de la amenaza de un posible fuego, y al llenarse de miel se vuelven más tranquilas y menos propensas a atacar.

Esta práctica no es dañina, pues está diseñada para producir combustión lenta sin llamas, solo humo frío. Esto no afecta a las abejas y permite trabajar sin matar ninguna, siendo un método confiable y 100 % seguro.

Durante nuestra visita al apiario para documentar el comportamiento de las abejas dentro de una colmena, tuvimos la oportunidad de ver cómo las alimentaban. En ocasiones, y solo cuando es necesario, las abejas reciben elementos complementarios como jarabe de azúcar. Esto ocurre generalmente en épocas con poca floración.

Para sacar la producción de miel de las cajas se preparan herramientas como palanca, cepillo, cubeta y cajas para transportar cuadros. Se aplica el humo, se abre la colmena y se retiran los cuadros. Cada cuadro se sacude o se cepilla suavemente para retirar las abejas que queden encima. Ya fuera del apiario, en un lugar limpio, se procede a la extracción de la miel. Con una espátula caliente, el apicultor retira la capa de cera que sella las celdas, permitiendo que la miel pueda salir.

Después, se colocan los cuadros dentro de una máquina llamada centrífuga, la cual gira de forma manual, expulsando la miel fuera de los paneles. Esta cae en las paredes del extractor, se desliza al fondo y luego pasa por un colador que elimina los pedazos de cera u otras impurezas.

Una vez filtrada, la miel debe reposar en tanques para que salgan las burbujas y mejore su claridad, para finalmente colocarla en frascos o envases y dejarla lista para consumir.

¡Todo un proceso! Es fascinante la forma en que las abejas trabajan para producir miel, y cómo el apicultor aprovecha este proceso para obtener un producto saludable y beneficioso para el consumo humano.

La ingeniera Aminta Espinoza y su miel “Apicuenca”

Beneficios ambientales y sociales

Por su parte la ingeniera Aminta Espinoza Pérez declaró que, “trabajar en el fortalecimiento de productores apícolas junto al Canal de Panamá ha sido una experiencia enriquecedora. Esta alianza ha unido esfuerzos técnicos e institucionales para capacitar y dotar de herramientas a los apicultores, impulsando sistemas productivos sostenibles y fortaleciendo su organización. Hemos promovido buenas prácticas, conservación ambiental y desarrollo económico local, reafirmando la apicultura como actividad estratégica para la biodiversidad y la seguridad alimentaria. A futuro, buscamos ampliar cobertura, incorporar innovación y consolidar una apicultura tecnificada, competitiva y sostenible que genere ingresos y proteja los ecosistemas de la cuenca.”

Sin lugar a duda, mediante estos proyectos de apoyo y creación de apiarios en la cuenca del Canal de Panamá, se contribuye a la sostenibilidad ambiental, social y económica: se protege la cobertura vegetal, se mejora la biodiversidad mediante la polinización, se resguardan las fuentes de agua y se generan ingresos sostenibles en las comunidades rurales, mientras se les educa y capacita en el cuidado del medio ambiente.

Las próximas veces que vea una botella de miel en el supermercado, recordemos la ardua labor de las abejas y todo el proceso que permite que esta pueda llegar a mis manos con la mejor calidad posible.

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