La ética y la transparencia como ventajas estratégicas
A 25 años de la administración panameña del Canal de Panamá, la transparencia es parte integral de una cultura organizacional […]
A 25 años de la administración panameña del Canal de Panamá, la transparencia es parte integral de una cultura organizacional que sostiene la credibilidad, la gobernanza y el desempeño de una de las instituciones más observadas del país.

Ese proceso deliberado y profundamente estructural es el que describe Thelma McKinnon Castillo, fiscalizadora general del Canal de Panamá y oriunda de la provincia de Chiriquí, al reflexionar sobre el camino recorrido desde la reversión y sobre los mecanismos que hoy permiten que el Canal de Panamá figure entre las más confiables para la ciudadanía.
“Crear un entorno donde la verdad puede circular sin miedo y donde exista apertura al escrutinio fue un cambio cultural radical que no ocurrió de la noche a la mañana. Tomó más de 25 años. Es un camino que hemos recorrido y seguimos recorriendo”, afirma la fiscalizadora, al recordar que uno de los grandes anhelos tras la firma de los Tratados del Canal de Panamá era que la vía interoceánica no solo pasara a manos panameñas, sino que irradiara una forma distinta de hacer gestión pública.
Rendir cuentas
La transferencia del Canal a manos panameñas implicó algo más complejo que un cambio administrativo: significó asumir, como país, la responsabilidad total sobre la gestión, los recursos y las decisiones estratégicas del Canal. “Con ese conocimiento vino una gran responsabilidad, porque ahora había que rendirle cuentas al pueblo panameño”, explica.
Ese giro obligó a construir un andamiaje normativo y ético propio: una Ley Orgánica robusta, reglamentos internos, sistemas de control interno y un eje fundamental para velar por el cumplimiento de los reglamentos internos, promover la economía, eficiencia, prevenir y detectar fraude, proteger el patrimonio del Canal, recomendar mejoras en controles, procesos y garantizar la integridad institucional, entre otros. Este rol lo desempeña el fiscalizador general, el cual es designado por la Junta Directiva de la Autoridad del Canal de Panamá conforme a lo establecido en la Ley Orgánica.
Fiscalización que previene
Thelma McKinnon insiste en que “La fiscalización en el Canal no solo consiste en detectar desviaciones, sino en acompañar estratégicamente a la organización para que tome decisiones informadas y responsables. Estamos potenciando el enfoque preventivo ya que “la fiscalización tiene como objetivo primordial fortalecer el control interno, la gestión de riesgos y el gobierno corporativo y no solo detectar irregularidades”, señala.
Un esquema de integridad y gobernanza bastante robusto “Es un conjunto de varios elementos: una Junta Directiva independiente y que ejerce supervisión estratégica, una Ley Orgánica bien pensada, controles internos sólidos, procesos operativos estándares, una cultura de ética institucional y el rol del fiscalizador”, explica.
“Respetuosos en el modo, pero firmes, justos, competentes y valientes en el contenido: así debe ser la forma como nos manejamos en nuestra oficina. No como un discurso, sino como una práctica diaria que se vive en cada decisión”, enfatiza Thelma McKinnon al resumir la filosofía que guía su labor.
Ética como práctica y la Oficina del Fiscalizador General
Uno de los mensajes más reiterados por Thelma McKinnon es que “La ética se vive todos los días”, y se sostiene tanto en los procesos como en las personas. “Todos los canaleros queremos hacer un trabajo con excelencia porque sentimos orgullo de trabajar aquí”. Ese orgullo, añade, es un activo que debe cuidarse y fortalecerse.
“Cuando hablas solo en términos técnicos de controles, es difícil conectar con las personas. Hay que hablar con ejemplos, con historias, para que la ética se vuelva algo vivo”.
Gobernanza y reputación
El énfasis en transparencia tiene efectos directos en la reputación del Canal y en la confianza pública.
Ese énfasis llevó a mejorar prácticas heredadas, como los sistemas de mantenimiento, los procesos de contratación y los controles financieros. “No nos quedamos con lo que había, lo perfeccionamos mejorando los procesos operativos, los sistemas y especializando al personal”, dice la fiscalizadora.
Aporte más allá de lo económico
Aunque el Canal es una de las principales fuentes de ingresos del Estado, Thelma McKinnon subraya que su contribución más profunda es cultural. “Claro que aportamos fondos para el desarrollo del país, pero hay un aporte más valioso y profundo: Transmitir confianza internacionalmente en que la gestión del Canal se fundamenta en buenas prácticas, representa un motivo de orgullo para los panameños”.
Ese ejemplo, reconoce, no siempre se replica con facilidad, pero la experiencia del Canal demuestra que la transparencia y la ética es una ventaja estratégica. “De nada sirve una organización que solo factura, si no tiene una cultura ética ni rendición de cuentas que la respalde”.
Legado que proteger
A futuro, uno de los mayores retos es asegurar que esta cultura se mantenga viva en las nuevas generaciones. “La transparencia es un trabajo permanente, y nuestro reto es seguir fortaleciendo la coherencia ética, la accesibilidad a la información y la toma de decisiones responsable en todos los niveles. Hay que cultivarla, trabajarla, explicarla y vivirla”, advierte la fiscalizadora.
Por ello, insiste en la importancia de proteger la Ley Orgánica del Canal y los principios que la sustentan. “Eso hay que cuidarlo, defenderlo. Es lo que sostiene todo lo demás”.
A 26 años de la transferencia, el balance es claro: la transparencia del Canal de Panamá no es un discurso. Es una práctica diaria, un modelo institucional y, sobre todo, una convicción que ha permitido convertir la rendición de cuentas en un pilar de éxito.