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Sin miedo al fuego: mujeres que hacen historia en el Canal

La reciente noticia de la explosión de dos carros cisterna cerca del Puente de las Américas causó asombro entre los panameños. Las imágenes del fuego producido fueron impresionantes y el peligro al que se enfrentaron los bomberos que apagaron este incendio cuenta de su valentía. Entre estos héroes se encontraba una joven: Grecia Pilides, quien ese día recibió su bautismo de fuego.

Grecia Pilides y Lisa Watson

Los inicios de los bomberos del Canal

Durante la construcción del Canal, el riesgo de incendios era constante debido al uso intensivo de madera, combustibles y maquinaria pesada. Sin embargo, para el 1.º de diciembre de 1905, el personal del Departamento de Bomberos de la Zona del Canal estaba compuesto por un solo bombero, Charles E. Weidman, quien había sido contratado como jefe del Departamento y acababa de llegar a Cristóbal. Estos fueron los humildes inicios de un departamento que ha acompañado las dinámicas de esta epopeya: la historia del Canal de Panamá.

Tras la inauguración del Canal en 1914, el Cuerpo de Bomberos transitó de una función asociada a la construcción a una misión permanente de protección de una infraestructura estratégica para el comercio mundial.

A lo largo del siglo XX, los bomberos del Canal atendieron incendios industriales, emergencias marítimas, accidentes ferroviarios y rescates técnicos, y tuvieron gran importancia en la salvaguarda las instalaciones canaleras en periodos históricos como la Segunda Guerra Mundial y el 9 de enero de 1964.

Para 1966, la División de Bomberos creó su propia escuela de entrenamiento y empezó a incorporar personal panameño, a la vez que brindaba capacitación a bomberos provenientes de diferentes partes de Latinoamérica.

En años posteriores, especialmente con la entrada en vigor de los Tratados Torrijos–Carter en 1979, se incorporó progresivamente más personal panameño, fortaleciendo el proceso de transferencia de conocimientos y experiencia técnica. Para 1981, se incorporó de manera interina la primera bombera del Canal: Lisa Watson. 

Los bomberos en medio de la transición

Lisa Watson es una orgullosa canalera (jubilada en 2017). Trabajó en diferentes departamentos del Canal, pero siente un especial cariño por el tiempo que pasó en la División de Bomberos. Fungía como policía cuando, a principios de los años 80, la División de Policía del Canal se encontraba en un periodo de transformación y ella fue trasladada, junto con algunos compañeros, a la División de Bomberos.

Lisa, convertida recientemente en madre, tuvo que adaptarse a este vendaval de cambios. “Para mí fue un reto. Éramos 12 policías: 11 hombres y yo, la única mujer. Todos pasamos la prueba. Fue un reto. Pero yo no quería seguir siendo bombera toda mi vida, porque realmente yo vengo de las ciencias sociales. Estudié sociología, psicología y criminología”.

Rápidamente, la expolicía Lisa aprendió a valorar la labor bomberil: “Sí, yo quería ser policía, pero como los bomberos no hay. Al igual que las enfermeras y los doctores, los bomberos salvan vidas. Y eso es lo noble. ¿Tú sabes lo que es meterse en un fuego y salir todo quemado?, o te mueres o das tu vida por salvar a alguien”.

Lisa Watson, 1981.

Una panameña sin miedo a los retos

Cuando Grecia Pilides habla sobre su trabajo uno puede sentir el amor por su vocación. Pero ¿por qué convertirse en bombera? “El ser bombero es una labor noble, requiere sacrificio y disciplina. Además, creo que algo que me ha marcado un poco es que he perdido personas importantes para mí. Poder ayudar al prójimo, salvar vidas, propiedades y el medio ambiente es, para mí, algo que me complementa”.

Entrar al programa de capacitación de bomberos no fue fácil y no toda la familia de Grecia conocía esta decisión. “En realidad, mi hermano y mi hermana eran los únicos que sabían al inicio. Y yo dije, por favor, mantengan todo esto así. Pero siempre me apoyaron desde un inicio. Ellos me dijeron, “dale, tú puedes”. Y yo les dije: “lo voy a hacer”. Son oportunidades de la vida. Y yo me metí porque vi la oportunidad y es un trabajo que yo sé que iba con mi personalidad, a pesar de que vengo del ámbito de la publicidad y del diseño gráfico. Y bueno, así es la vida. Dios me abrió las puertas y me dije, voy a agarrar esto con todas mis fuerzas, abrazar la oportunidad y así fue””.

Le preguntamos a Grecia cómo fueron sus primeros días y señala que “me recibieron bien desde un inicio. Pero una, como mujer, cuando tú estás sentada en un salón y ves que todos son hombres, es como que ¡wow!, pero es cuestión de adaptación y de entender el trato entre los compañeros; las bromas, los chistes, son un proceso y uno se adapta a eso”.

Y sobre sus entrenamientos ella nos comparte que “al inicio, como todo, era un poquito complicado. Adaptarte al equipo de respiración, que pesa entre 40 y 45 libras, requiere tiempo y concentración. Es un proceso de adaptación y de asimilar todo lo que se está haciendo.

 Y sí, es un poquito complejo, pero la práctica es lo primordial. Entre más se practica, uno va fluyendo y se va sintiendo, no fácil, pero sí más ameno. Sientes seguridad, confianza en tu equipo, en todas las labores que tienes que hacer como bombero. Y eso es lo importante: ir aprendiendo día a día, instruirse, leer el tema de las técnicas, las estrategias, todo”.

Entrenamientos: el pasado y el presente

¿Lo más difícil del entrenamiento? Grecia destaca que “quizás lo más difícil son los “drills”. Un drill es simular un incendio. En el simulador, en Miraflores se prende el fuego y tienes que avanzar con la línea dependiendo de lo que te toca”, y detalla que “hace poco hubo un reto tipo Iron Man. Iniciaba con ponerte todo el equipo de protección personal, el equipo de respiración. Luego, de ahí, tomar una manguera de dos pulgadas y media, y te la ponías al hombro y con eso tenías que subir la torre de cinco pisos. Después de dejarla ahí, debías jalar una manguera de una pulgada y media por los cinco pisos hasta llevarla arriba, dejarla y bajar. Luego uno corría, hacía un zig-zag. De ahí procedíamos a ir al camión a sacar otra manguera de una pulgada y media, jalarla para tumbar tres conos. Luego de eso, finalmente, se arrastra un maniquí que creo que pesa ciento cincuenta libras. Y bueno, ese fue un reto”.

Hace 45 años, la torre de entrenamientos quedaba en Rodman y Lisa practicó en ella. Ella recuerda que “al edificio lo llenaron de humo, entonces todos nos teníamos que poner el equipo y el tanque, estar en el piso y buscar cuerpos. Todo estaba oscuro. Y claro, mientras más te llenas de ansiedad, te queda menos oxígeno. Te puedes morir, porque respiras con más fuerza. Estás con la ansiedad, buscando cuerpos en la oscuridad, y no ves nada, y tienes que estar buscando, acostada en el piso, tanteando. Cuando salí, yo tenía mi tanque casi lleno. ¿Por qué? Porque aprendí técnicas de respiración desde chiquita con mi papá. Él me enseñó que la respiración es lo más importante y como policía, también tenía que hacer ejercicio de respiración para poder pasar la prueba de disparo. Y en ese edificio me acuerdo de que, en una de esas prácticas me dijeron: “tienes que subir y tienes que brincar hacia afuera, el quinto piso, y tirarte con la manguera” y yo bajando y la gente me aplaudía”.

El poder de la perseverancia

Se precursoras nunca es fácil y, luego de entender lo demandante que es ser bombera del Canal, nos preguntamos cómo lograron continuar con el entrenamiento y la vida en el cuartel. Lisa es tajante cuando dice que “No, yo no me iba a rendir. Yo no me rindo. Yo iba a seguir, iba a seguir, iba a ser bombera. Y luego logré otras cosas. Fui la primera mujer capataz de pasacables, Pero yo no me iba a rendir”.

Grecia es categórica al añadir que “yo igual. Para mí es un trabajo de fortaleza. Yo soy una persona que me considero un poco competitiva. Entonces soy de las que dice: si inicio algo, tengo que terminarlo. Y si hay obstáculos en el camino, trato de superarlos. Siempre dar lo mejor de uno, mentalizarse, de pensar en positivo, y que, si hay algo que te puede obstruir el camino, seguir adelante. Con más ganas. Me motiva a veces mucho eso de que hay que ponerle empeño, pues vamos a ponerle todo el empeño posible para poder superar las metas y alcanzar lo que uno quiere”.

Grecia se despide con un mensaje esperanzador “yo doy gracias a Dios por el grupo en el que estoy. Me siento bien, me siento bienvenida, me siento incluida. Siento que soy ahora una persona un poquito más sociable que antes. Yo quisiera que entraran más chicas. Que esto sea una puerta para que más mujeres ingresen. Las mujeres también son capaces. Solo queda ser positivas y con ganas. Si es lo que quieren, lo pueden lograr”.

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