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Semana de embarque seguro forma a los navegantes del futuro

Hay experiencias que se comprenden mejor cuando dejan de ser una explicación y se convierten en una acción. Para los estudiantes de la Universidad Marítima Internacional de Panamá (UMIP) y los representantes de agencias navieras que participan en la Semana de Embarque Seguro del Canal de Panamá, ese momento ocurre cuando la teoría aprendida en el aula de capacitación se transforma en una escalera que deben subir, una cubierta que deben recorrer y un buque que deben inspeccionar.

Cada año, entre finales de junio e inicios de julio, la Unidad de Arqueo desarrolla esta actividad como un espacio de formación práctica en torno a la seguridad de las facilidades de embarque. El programa, que cuenta con 25 años de trayectoria, comienza con una inducción de aproximadamente dos horas. Allí, los participantes conocen los diferentes tipos de facilidades de embarque y las regulaciones aplicables antes de trasladarse a los buques para poner en práctica lo aprendido.

Primer día de inducción teoría a la Semana de Embarque Seguro.

“Lo que se hace es que se visitan dos buques por día, todos los días estamos en estas visitas y lo que se hace es evaluar las facilidades de este buque”, explica Ismael Ponce, supervisor de la Unidad de Arqueo.

La experiencia práctica se organiza en grupos de 10 personas por día. Al finalizar la semana, aproximadamente 50 estudiantes han tenido la oportunidad de vivir de cerca una operación que, para muchos, hasta ese momento solo habían estudiado desde la teoría.

“El futuro de la navegación de Panamá está en manos de las universidades marítimas, sobre todo de la UMIP”, señala Ponce. “Entonces, es relevante para ellos que conozcan las regulaciones del Canal de Panamá en torno a algo muy sensitivo, que son las facilidades de embarque”.

Ismael Ponce, supervisor de la Unidad de Arqueo en la primera charla de capacitación a la Semana de Embarque Seguro.

El primer paso es prepararse

La experiencia comienza antes de llegar al buque. En Mine Dock, en la Calzada de Amador, los participantes reciben los elementos básicos de protección personal: casco, guantes y chaleco salvavidas. No es un detalle menor. Es la primera manifestación concreta de una idea que acompaña toda la jornada: antes de embarcar, hay que estar preparado para hacerlo de manera segura.

Estudiantes de la UMIP preparándose con los elementos básicos de protección.
José Pimentel, de la Unidad de Arqueo dando las instrucciones básicas de seguridad antes de proceder al embarque.

Luego, a bordo de la lancha BAGRE, comienza el desplazamiento hacia el primer buque del día. A medida que la embarcación se aproxima, la experiencia deja de parecer una demostración y empieza a sentirse como una operación real.

Frente a ellos se encuentra el OOCL DAFFODIL, un portacontenedores chino con capacidad para más de 16,000 TEU. Desde la lancha, los arqueadores comienzan la evaluación de la facilidad de embarque. La inspección comienza desde la aproximación de la lancha al buque.

“Nosotros tenemos que ver cosas como, por ejemplo, el francobordo que tiene la embarcación para determinar cuál es el tipo de escala que él está preparando y si es la correcta”, explica José Pimentel, arqueador de la Vicepresidencia de Operaciones.

La evaluación permite comprobar que las condiciones sean adecuadas antes de que los participantes suban al buque. Solo después de verificar que la facilidad cumple con los requisitos establecidos comienza el embarque.

Para los estudiantes, ese momento representa el verdadero salto entre saber y hacer.

“Tenía bastantes expectativas de aprender mucho más sobre cómo es subirse a un barco, cuáles son los protocolos, qué se tiene que hacer”, cuenta Federico Fernández, estudiante de tercer año de Ingeniería Náutica en Navegación de la UMIP. “He aprendido mucho, no es lo mismo vivirlo que estudiar la teoría”.

Evaluación de la facilidad de embarque ante de proceder.

Cuando la teoría se convierte en una escalera

La primera embarcación se aborda mediante una escala de práctico. Desde la lancha, la estructura conduce hacia el costado del buque y obliga a realizar el ascenso con atención, equilibrio y concentración.

Para quienes estudian navegación, subir a una embarcación puede parecer parte natural de la profesión que aspiran a ejercer. Sin embargo, vivirlo por primera vez permite comprender una dimensión que los manuales no siempre consiguen transmitir.

La complejidad se hace evidente en cada peldaño. El movimiento del agua, la altura, las condiciones del entorno y la necesidad de mantener siempre la atención convierten el ascenso en una experiencia mucho más exigente de lo que podría parecer desde tierra.

“Un resbalón puede llegar a causar un daño grave o incluso la muerte”, añade el Federico.

Al llegar a bordo, el recorrido continúa por las escaleras interiores del buque hasta alcanzar la cubierta. Allí, los participantes observan de cerca la operación del portacontenedores y el trabajo de los marinos que hacen posible el funcionamiento de una embarcación de estas dimensiones.

También conocen el puente de navegación, el espacio desde donde se monitorean las condiciones del viaje y se dirige el buque. La visita permite acercarse a una parte de la operación que, para quienes se están formando en el ámbito marítimo, suele observarse desde la distancia o a través de la teoría.

“Para nosotros la seguridad no es negociable y es nuestro principal aspecto de verificación en cada una de nuestras inspecciones”, afirma Pimentel.

Estudiantes de la UMIP embarcando a portacontenedores OOCL DAFFODIL.
Recorrido por la cabina de control del buque OOCL DAFFODIL.

Cada buque es una experiencia única.

La jornada continua con una segunda embarcación y, con ella, una experiencia completamente diferente.

El PANSAPPHIRE, un buque granelero de bandera filipina transporta carga a granel, es decir, mercancías que se movilizan en grandes cantidades sin estar contenidas en unidades individuales como los contenedores. Su configuración y operación son distintas a las de un portacontenedores como el OOCL DAFFODIL.

También lo es la manera de abordarlo. En esta ocasión, los participantes utilizan una facilidad de embarque combinada, que integra una escala de práctico con una escala de acomodación. El ascenso implica recorrer una estructura exterior hasta llegar a la cubierta del buque. La sensación también cambia.

El movimiento de la embarcación se percibe de una manera diferente y recuerda que no existe una única forma de vivir el mar. Cada buque, cada estructura y cada condición de embarque presentan sus propias particularidades.

Antes de subir, nuevamente se evalúa la facilidad. El grupo participa en la revisión y observa cómo los arqueadores verifican que las condiciones sean adecuadas. En esta ocasión, el PANSAPPHIRE cumple con los requisitos establecidos y su capitán recibe una placa de reconocimiento por sus buenas facilidades de embarque.

Para los participantes, la jornada se convierte así en una comparación directa entre dos tipos de buques y dos experiencias de abordaje.

Estudiantes de la UMIP abordando a través de facilidad de embarque combinada.
José Pimentel junto a capitán de PANSAPPHIRE, en inspección de regulaciones del buque granelero.
Entrega de reconocimiento por estudiantes de la UMIP.

Aprender antes de convertirse en profesionales

Para Alvis Rodríguez, estudiante de tercer año de Ingeniería Náutica en Navegación, la experiencia permitió conectar directamente su formación académica con la profesión que espera ejercer como oficial de cubierta.

“La teoría es muy importante, sin embargo, aquí en la práctica es donde realmente se aprende”, afirma Rodríguez. “La teoría la conocimos en la charla que recibimos, y ahora pudimos poner en práctica lo que aprendimos, en lo que será nuestro día a día cuando seamos profesionales”.

La experiencia también trae consigo una dosis de nervios. No es lo mismo observar una escala desde el muelle que acercarse a ella desde una lancha. No es lo mismo conocer un procedimiento que realizarlo bajo la supervisión de profesionales que lo ejecutan como parte de sus responsabilidades cotidianas.

Una experiencia que permanece

A lo largo de la Semana de Embarque Seguro, los estudiantes no solo conocen las facilidades de embarque. También observan el trabajo de los arqueadores, quienes actúan como primera línea de inspección y acompañan la verificación de las condiciones necesarias para que una operación pueda realizarse de manera segura.

En cada recorrido, la experiencia se convierte en una oportunidad para mirar la actividad marítima desde otra perspectiva. Para quienes aspiran a trabajar a bordo, representa un acercamiento a la realidad de una profesión que se desarrolla entre cubiertas, puentes de navegación, escaleras, agua y movimiento.

Para el Canal de Panamá, el programa representa una forma de compartir ese conocimiento con quienes serán parte del futuro de la industria marítima.

“Seguridad empieza por cada uno de nosotros”, recuerda Ismale Ponce.

La frase adquiere un significado distinto después de vivir la experiencia. Porque, al finalizar el día, la Semana de Embarque Seguro deja algo más que conocimientos sobre regulaciones y facilidades de embarque. Deja la memoria de la primera vez que una escala fue vista desde una lancha, del esfuerzo necesario para alcanzar la cubierta, del movimiento de un buque bajo los pies y de la comprensión de que, en el mar, la seguridad no es una idea abstracta.

Es una práctica que comienza antes del primer peldaño.

Estudiantes de la Universidad Marítima Internacional de Panamá.
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